11/2/13

Peligro: juicios por jurado

Por Argentina sin Juicios por Jurado

Es enorme el peligro del juicio por jurados para la administración de justicia

Entrando al edificio de Tribunales, en ocasiones se pueden observar una serie de carteles que alertan peligros. Un empleado de ordenanza que baldea, coloca en el suelo una advertencia que dice: "Peligro: piso resbaladizo". En la puerta de un ascensor, el personal de mantenimiento coloca la leyenda: "Peligro: ascensor fuera de uso". En panel eléctrico se puede leer la advertencia: "Peligro: alta tensión". No sería descabellado pensar en un nuevo cartel que prontamente podría llegar a ser necesario: "Peligro: juicios por jurado".

Aunque parezca una broma, el tema es muy serio: el peligro que entrañan los juicios por jurado no está muy alejado al de un piso resbaladizo, un ascensor descompuesto o un cable de alta tensión. Cualquiera preferiría resbalar en el suelo mojado y romperse un brazo, antes que ser injustamente condenado a algunos años de prisión. Todos preferiríamos quedar unas pocas horas encerrados dentro de un ascensor, y no muchos años injustamente dentro de una cárcel. Y no pocas personas preferirían aferrarse a los cables de alta tensión antes que ser injustamente condenados a prisión de por vida.

Como se ve, los juicios por jurado son extremadamente peligrosos. Son un inmenso peligro para la justicia. O para ser más exactos, introducen una serie de peligros que atentan contra la libertad de las personas y la justicia para las víctimas:

Peligro Nº1: La impericia de los miembros del jurado, que no han sido capacitados para juzgar rectamente y son más proclives al error judicial.

Peligro Nº2: Los prejuicios de los miembros del jurado, que les podría hacer prejuzgar al imputado o a la víctima antes de valorar la prueba.

Peligro Nº3: El sentimentalismo usual en los miembros del jurado, que les podría hacer juzgar más por la simpatía que por la justicia.

Peligro Nº4: El apuro de los miembros del jurados que, en el afán de volver rápidamente a sus vidas, podrían precipitar el veredicto condenatorio o absolutorio.

Peligro Nº5: La timidez del algunos miembros del jurados, que los podría hacer sucumbir a la opinión de otros miembros del jurado más exaltados o intemperantes.

Peligro Nº6: La obcecación de algunos miembros del jurado, que los podría hacer fallar de modo absurdo o irracional.

Peligro Nº7: La desatención de los miembros del jurado, que en algunos casos les podría impedir seguir con detalle la producción de toda la prueba.

Peligro Nº8: La inexperiencia de los miembros del jurado, que les podría hacer pasar por alto los hechos más relevantes.

Peligro Nº9: La influenciabilidad de los miembros del jurado, que podrían acabar juzgando bajo la sugestión de familiares, vecinos o de  los medios de comunicación.

Peligro Nº10: La permeabilidad de los miembros del jurado, que podrían valorar toda la prueba presentada ante sus ojos, sin discriminar si se trata de prueba obtenida de modo legal o ilegal.

El cartel: "Peligro: juicios por jurado" sería muy útil e instructivo en las puertas de las salas de juicio si algún día se llega a implementar este inconveniente sistema de juzgamiento, pero de mucho mayor provecho sería colocarlo preventivamente en el acceso a las salas del Congreso y las Legislaturas provinciales, para que los juicios por jurado nunca se conviertan en ley.

Epílogo:

El juicio por jurados, por desgracia, es hoy una realidad. Y todos y cada uno de estos peligros se han hecho realidad. Los jurados ya han cometido errores judiciales. Ya han fallado injustamente por sentimentalismo. Ya han dictado fallos contradictorios por desatención. Ya han demostrado su enorme impericia e inexperiencia a la hora de juzgar.

Lo lamentable es que todos podemos ver cuando alguien cae al suelo al resbalar, o cuando se desploma un ascensor con gente adentro, o cuando se electrocuta alguna persona con cables de alta tensión. Pero sólo algunos jueces y abogados tenemos la posibilidad de apreciar los disparatados veredictos del jurado, que se van sumando todos los días.

Lo que ayer era un peligro, hoy ya es un daño irreversible.

10/2/13

Juradismo: ¿demagogia, engaño e ignorancia?

Por Argentina sin Juicios por Jurado

El complejo de inferioridad del juradismo

Es lamentable ver que los promotores del juicio por jurados, consciente o inconscientemente se debaten entre la demagogia, el engaño y el resentimiento. Sobre estos tres espurios pilares se apoyan los argumentos a favor de los jurados y en contra de que el juzgamiento de las personas esté en manos de jueces letrados.

Los juradistas, bajo el disfraz democrático, se ajustan el ropaje demagógico: tratan de instalar que el jurado es el pueblo. Eso es falso. Nunca nos cansaremos de remarcar que —a diferencia de los jueces que son elegidos por los representantes del pueblo— el jurado no es el pueblo, ni ha sido elegido por el pueblo.


La elección del jurado al azar en el padrón electoral es tan democrático como lo sería... ¡la elección del Presidente de la Nación por sorteo! Lo que caracteriza a todas las democracias es la representación electiva, esto es, que los ciudadanos eligen a sus representantes mediante el voto. Una persona sorteada al azar no es elegida ni representa a nadie.

Los juradistas no se conforman con la falacia demagógica, sino que también se sirven de sofismas y engaños, tratando de instalar a los juicios por jurado como la gran panacea que viene a remediar los problemas de la justicia. ¡Otra falsedad! Los juicios por jurado no resuelven ni uno de los verdaderos problemas de la justicia penal.


Es obvio que a través de la demagogia no se solucionan los problemas de la justicia penal. La finalidad del discurso demagógico es quedar bien con la opinión pública, mostrarse popular, congraciarse con las masas, aunque se utilice el engaño contra el mismo pueblo que se dice favorecer.

De hecho, obsérvese que se engaña a la población diciéndole que con el juicio por jurados “la justicia ahora está en manos de la gente”. Lo que nadie dice es que es el imputado, unilateralmente, según su estrategia, quien elige si va a ser juzgado por un jurado popular o por un tribunal letrado. Es decir, la justicia está sólo en manos del imputado, que elige según su conveniencia quién lo va a juzgar.

A poco de andar, se nota también en el discurso de los juradistas una solapada animosidad hacia la judicatura.

Se dice que los jueces son inquisitivos, y adjudican a la Inquisición la creación de los jueces letrados, que existen —cuanto menos— desde la época de los jurisconsultos romanos.

Se denuncia la existencia de una supuesta “corporación” judicial, a la cual por poco le atribuyen códigos mafiosos.

Se achaca a los jueces ser una suerte de dictadores caprichosos y despiadados temerosos de perder su absoluto poder.

Estas acusaciones son absurdas y producto de mentes acomplejadas.

Los jueces se oponen a los juicios por jurado, de igual modo que un cirujano se opondría a las cirugías por jurado... ¡porque es un disparate poner en manos de personas que carecen de capacitación y experiencia determinadas tareas que requieren conocimientos técnicos!

Ninguna de las acusaciones de los juradistas es verdadera. Lo que sí es evidente, aunque muy triste, es el desconocimiento que encubre esta irracional animadversión hacia el juzgamiento mediante jueces letrados.


Los jueces técnicos hacen posible que el saber jurídico y el saber lógico intervengan en la administración de justicia. Garantizan que la razón impere en la justicia de los hombres. Combaten el sentimentalismo, los prejuicios y la arbitrariedad, que dominan el juzgamiento por jurados populares.

9/2/13

Juicios por jurado: ¿por qué siempre opinan los más burros?

Por Argentina sin Juicios por Jurado
 
Opinando sobre el juicio por jurados



























Todos somos mayormente burros, porque el saber es inabarcable y nadie puede acaparar todo el conocimiento. Todos hemos dicho burradas alguna vez (y lo seguiremos haciendo), porque opinar está siempre dentro de nuestros primeros instintos (hasta diría que es un derecho inalienable poder opinar de todo). Por eso este artículo no pretende ser una censura para nadie (porque errare humanum est), pero sí un llamado de atención: la desinformación a veces nos deja opinando a favor de cosas que no quisiéramos.

Es posible apreciar cada tanto, que algún columnista ingenuo que ha sido víctima de la desinformación y ha caído en las trampas de los slogans vacíos y sofísticos, para llenar las páginas de algún periódico, sale a opinar a favor de la implementación del juicio por jurados en la provincia de Buenos Aires.


No está mal que lo haga, pues hay que decir que opinar hace a su derecho. Pero invariablemente, a la tercera palabra dicha o escrita, se pone en evidencia que esa persona jamás pisó un tribunal criminal, que no tiene ni idea de cómo es el proceso penal actual y que tiene nulos conocimientos de derecho penal.


En una palabra: que es un burro total en materia de justicia penal ―al igual que los jueces en cuestiones periodísticas― sin la más remota idea de lo que está hablando, escribiendo o rebuznando.


La primera burrada que se dice es que los juicios penales en la actualidad son procesos escritos, secretos, de lenguaje impenetrable para la mayoría, etc., y que el juicio por jurados, con su oralidad, vendría a dar mayor transparencia y publicidad a los juicios... ¡Que rebuzno!


En la provincia de Buenos Aires hace más de 15 años que los juicios son completamente orales, las audiencias son absolutamente públicas y todo lo que ocurre en un juicio oral es perfectamente accesible al entendimiento de cualquier persona promedio. No hay más que acercarse algún día a los tribunales provinciales y presenciar una audiencia de debate para poderlo constatar.


La segunda burrada que se afirma es que con el juicio por jurados se va a acabar el papelerío inútil, los expedientes innecesarios y la escritura superflua... ¡Otro rebuzno!


Debemos aclarar ―para que no se opine ligeramente― que el juicio por jurados viene a reemplazar el órgano juzgador en el juicio que ya hace años que es oral, de modo que no se va a suprimir nada de lo escrito (que pertenece a la investigación fiscal y a la etapa recursiva).


Si se quisiera suprimir algún tramo de esa parte escrita (lo que sería una excelente idea), las medidas a tomar nada tendrían que ver con la implementación del juicio por jurados.


Lo que sí se va a suprimir con el juicio por jurados es la única pieza escrita fundamental del proceso penal (y por ende, no superflua): los fundamentos del veredicto en los que se le explica al acusado por qué se lo condena, o a la presunta víctima por qué se absuelve al reo.


La tercera burrada que frecuentemente se puede leer en las columnas periodísticas es que el juicio por jurados vendría a dinamizar los procesos penales cuya duración llevan décadas... ¡Un rebuzno más!


Los procesos penales hoy son eternos, es cierto, porque las vías recursivas son excesivas, como seguirán siendo con los juicios por jurado, que no modifican una sola letra de la etapa revisora, que es donde debe encontrarse la solución de la morosidad judicial 
(en realidad el juicio por jurados sí modifica parte de la etapa recursiva a los fines de discriminar a las víctimas).

Como contrapartida, los juicios por jurados son ―en los guarismos preliminares― unas cinco veces más lentos que los juicios orales actuales. Primero, por razones logísticas: ¡hay que convocar 48 personas (que ninguna quiere comparecer), para seleccionar entre ellas los 18 jurados (que ninguna quiere ser), los cuales deben concurrir y estar presentes a todas las audiencias del debate!


Y además, por razones dialécticas: los abogados con los jueces están obligados a circunscribir la cuestión en el hecho y la prueba, mientras que con el jurado se adicionan horas de audiencias con retórica, sentimentalismos y prueba inconducente, que son muy eficaces para la manipulación del jurado.


La cuarta burrada, que es casi un cinismo, dice que el juicio por jurados es una garantía constitucional para la defensa en el juicio... ¡Que rebuzno estentóreo!


Ante todo, otorgar al acusado la posibilidad de elegir entre ser juzgado por un jurado o por jueces profesionales, y negársela al fiscal y a las víctimas, no constituye un "derecho" sino un "privilegio", en franca violación al principio de igualdad de armas en el proceso penal.


Por otro lado, ya ingresando al fondo de la cuestión, cabe poner de resalto que las garantías constitucionales del juicio están todas vinculadas al examen de la legalidad de la prueba de cargo y a la demostración de que se ha realizado una correcta valoración de dicha prueba.


Los jueces no pueden invocar prueba ilegal en sus sentencias y deben hacer una valoración razonada de la prueba que sí pueden utilizar, si no quieren que un tribunal de alzada se las revoque por irrazonables.


Los jurados, en cambio, ¡no dicen por qué condenan! Pueden formar convicción con prueba absolutamente ilegal (p.ej., confesiones arrancadas mediante tortura), pueden valorar la prueba de modo ilógico y absurdo... ¡y nadie nunca les va a poder revocar el veredicto!


La quinta burrada que suele manifestarse en la pluma de quienes opinan desde la premura, es que la deliberación del jurado proporciona una mayor calidad que la de los jueces... ¡Dios mío! ¡Qué manera de rebuznar!


Doce personas inexpertas nunca van a poder hacer un mejor trabajo que tres jueces letrados y experimentados (ni que uno solo). Tampoco doce personas inexpertas podrían reparar un auto, construir un puente o levantar un edificio. La inexperiencia nunca permite realizar una labor de mejor calidad.


Lo que en realidad nos deberíamos preguntar es: ¿cómo saber si el trabajo que realizan los jurados es o no de calidad si se los obliga a juzgar sin fundamentar nada y sin decir por qué condenan o absuelven?


El veredicto razonado y por escrito ―que sólo brinda el juez o tribunal letrado― permite evaluar el trabajo del juez o tribunal, mientras que para evaluar el trabajo del jurado (que nada fundamenta, porque así lo manda la ley), hay que ser adivino o mentalista.


La sexta burrada de los promotores del juicio por jurados y que los columnistas hacen suya, es el argumento de que, si se presume el conocimiento del derecho, es una contradicción afirmar que quien lo conoce no puede aplicarlo... ¡Paren de rebuznar!


Ante todo, es una burrada mayúscula decir que el derecho se presume conocido por todos (al menos no es un principio del derecho penal, que no admite ninguna presunción, salvo la de inocencia). Lo único que el reo debe saber para poder ser juzgado (y con las limitaciones y llaneza de sus conocimientos), es que la conducta que realizó (el delito) está penalmente prohibido (lo cual no requiere conocer una sola ley).


La diferencia que existe entre saber si algo está bien o mal (permitido o prohibido) y saber impartir justicia, es la misma que entre opinar si una tortilla está sabrosa o no, y ¡saber hacerla!


Hay un sinfín de burradas más que ya son verdaderos mitos que se repiten sin ningún juicio crítico, como pensar que el juicio por jurados sirve para combatir la corrupción, cuando ocurre todo lo contrario. O afirmar que es beneficioso porque enseñan a la ciudadanía, ¡cómo si fuera ético sacrificar la libertad del reo o los derechos de las víctimas para dar lecciones de ciudadanía! Y la mayor de todas las burradas: afirmar el disparate de que el juicio por jurados es democrático.


En verdad, quienes tienen conocimientos jurídico-penales profundos y verdaderamente velan por el mejoramiento de la administración de justicia, jamás elogiarían ni promoverían un sistema de juzgamiento tan perverso, retrógrado, oscurantista y antidemocrático como el juicio por jurados.

La implementación de juicios por jurado cosecha fuertes críticas entre los abogados

Por Argentina sin Juicios por Jurado

Los abogados se pronuncian contra el juicio por jurados
 
El juicio por jurado es un proyecto que no entusiasma entre los abogados. Los de mayor renombre en el país se han pronunciado decididamente en contra de la implementación de este sistema de juzgamiento.

El Dr. Carlos A. Elbert, destacado abogado, Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales, Presidente del Club Humboldt de Argentina (asociación de ex becarios de la Fundación Alexander von Humboldt de Alemania) y Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de San Agustín, Arequipa, Perú, ha apreciado en un intersantísimo artículo escrito hace algunos años para Jurisprudencia Argentina, pero que es de gran actualidad, que la instalación de jurados acarrea un problema de costos que es minimizado con superficialidad. El sistema penal no ha podido resolver el problema en referencia al proceso oral y la comparecencia de los testigos, como no sea dejando que cada ciudadano convocado cargue con sus costos y dificultades privadas. No veo por qué la solución será distinta en relación a los futuros jurados, comprometidos para largas y agotadoras audiencias, encerrados en Palacio o en algún hotel. Además, No puede esperarse de una gran mayoría de nuestros ciudadanos un estado de equilibrio psíquico social y cultural adecuado para juzgar a sus semejantes. Más bien cabe esperar respuestas cargadas de emocionalidad y por tanto muy susceptibles de la influencia de los medios de comunicación, uno de los factores más temidos internacionalmente respecto a la objetividad de los jurados legos. Para colmo, la mayor parte de nuestros medios experimenta un alto nivel de concentración en pocas manos empresarias, trasluciendo un monopolio del tratamiento periodístico de los temas, dentro de los cuales los del orden, la seguridad y el control ocupan un rol destacado.

El Dr. Pedro Augé, destacado abogado y Secretario del Colegio Público de Abogados de Buenos Aires, expresa sus reparos a la prensa diciendo que muchos de los colegios de la provincia tienen fuertes reparos con respecto al tema de la implementación. Sobre todo en cuanto a garantizar la seguridad de los jurados, la independencia de sus miembros. Agrega que la implementación nos parece un poco difícil, teniendo en consideración los graves problemas que afectan desde hace unos años el servicio de Justicia, como el colapso edilicio.

El Dr. José Luis Menchón, un referente de la abogacía en la ciudad de Dolores,  ha expresado a medios periodísticos que Hoy por hoy en la Provincia de Buenos Aires instrumentar el juicio por jurado me parece inoportuno e imprudente. No tenemos lugares ni para sentarnos en los tribunales, no tenemos un espacio donde hablar con los clientes, estamos amontonados durante un juicio en la sala de audiencia, ¿y vamos a pensar en tener 12 personas más para realizar un juicio por jurados? Recuerdo que en el Congreso que se hizo en La Plata se recomendó a aquellos países que no tenían el juicio por jurado que no lo instrumentaran. Ellos estaban viendo la posibilidad de ir restringiéndolos hasta sacarlos. ¿Por qué? Porque los juicios cada vez se ponen más complejos, ya que la tecnología que hoy se utiliza para probar los delitos es compleja, tan compleja que hasta al mismo juez le resulta difícil de entender, y mucho más les va a costar a los jurados. Aunque sea difícil de creer, en Estados Unidos y en Inglaterra hay bandas que se dedican a presionar a los jurados para lograr la absolución del imputado. Yo creo por eso que los juicios por jurados no son para la idiosincrasia de los argentinos.

El Dr. Rubén Fígari, un destacado abogado y doctrinario que ha escrito excelentes textos sobre derecho penal, advierte en una entrevista radial que los juicios por jurado son muy caros. Los presupuestos que insumen son de bastante envergadura.

El Dr. José María Orgeira, destacado abogado, ex magistrado y profesor universitario en la UBA, ha escrito una carta de lectores para el Diario La Nación en la cual alerta sobre los juicios por jurado del siguiente modo: ¡Cuidado! Cuando se introducen reformas hay que pensar en la posibilidad real de implementarlas bien, para que signifiquen un progreso, garanticen la seguridad jurídica y mejoren la administración de justicia. ¿Se han informado del costo de seleccionar y mantener reunidas a las personas que integrarán cada jurado (comida, alojamiento, etc.)? ¿Las dificultades edilicias (no serviría la mayoría de las salas donde se desarrollan actualmente los juicios orales)? ¿La protección de los jurados (hoy día ni siquiera gozan de ella los testigos de cargo)? ¿Tienen noticia de su funcionamiento en los Estados Unidos de Norteamérica, pese a que allí no hay problemas presupuestarios ni estructurales?

El Dr. Enrique Gimbernat Ordeig, destacado abogado español y uno de los mejores doctrinarios del derecho penal material de habla hispana, se ha manifestado en un artículo periodístico publicado por el diario El Mundo de Madrid, remarcando que, a pesar del marketing que tiene, el sistema de juicios por jurado es un fracaso espectacular incluso en EE.UU. En cuanto a la capacidad del jurado para juzgar, razona: Con todos mis respetos para el arquitecto y el ingeniero, para la hacendosa ama de casa, para el honrado dependiente de la tienda de ultramarinos y para el respetable sexagenario que acaba de aprender a leer y a escribir, a los que se les impone, bajo la amenaza de incurrir en un delito, la obligación de formar parte de un jurado, esos principios sobre valoración de la prueba, y muchos otros establecidos por la jurisprudencia para garantizar los derechos a la presunción de inocencia y a la tutela judicial efectiva, su aplicación al caso concreto, y el enlace lógico de todo ello, es algo que no se puede aprender, por así decirlo, «en dos tardes», sin que tampoco se alcance a comprender por qué los ciudadanos corrientes norteamericanos que integran sus jurados con su pavoroso curriculum de errores judiciales tienen que ser menos influenciables y menos sabios que los españoles que ejercen la misma función juzgadora.

El Dr. Jorge Horacio Gentile, destacado abogado y profesor de derecho constitucional cordobés, se ha manifesta abiertamente contra los juicios por jurado diciendo sobre la experiencia cordobesa: Entendemos que lo mejor que puede hacer la Legislatura es derogar la ley y evitar así los graves daños que está causando este sistema que hace más lentos los procesos, más caros, que no se sabe si fue implantado para hacer más severos o más benévolos a nuestros tribunales, y que permite que personas ignorantes de la Constitución y de los códigos penal y de procedimiento, que no conocen lo que dicen los expedientes en que se instruyó la causa, nos terminen absolviendo o condenado y aplicando severas penas. Todo lo que en los últimos años se hizo para mejorar técnicamente a la Justicia, sometiendo a los candidatos a jueces a rigurosos concursos y pruebas sicológicas, se echó por tierra integrando tribunales con jurados que no representan a nadie, a pesar de llamárselos “populares” y que no están preparados sicológica ni intelectualmente para hacerlo.

El Dr. Enrique Zabala, destacado abogado penalista en Río Cuarto, ante una consulta periodística expresó: Si a vos te tienen que operar del corazón, ¿a quién vas a elegir? ¿A un tipo honesto que no sabe nada de medicina? No, vas a buscar a un especialista idóneo. Con la Justicia pasa lo mismo, con la honestidad sola no alcanza, yo quiero que me juzgue alguien que conozca de leyes.

El Dr. Fernando Levene, Presidente del Colegio de Abogados de La Plata, en declaraciones para Radio Provincia que, en algo tan sensible como el juzgar, condenar a una persona, necesitaría que los jurados estén integrados por los abogados.

El Dr. Carlos R. Baeza, eminente Abogado Constitucionalista de Bahía Blanca, expresó para La Nueva que el juicio por jurados se trataba de una institución ajena a nuestras costumbres. No es beneficioso que los ciudadanos participen en la función judicial, máxime tratándose de una delicada función técnica que requiere especial capacitación y para la cual se exigen variados requisitos.

No sólo los magistrados y juristas se pronuncian contra los juicios por jurado, sino también la mayoría de los abogados. Conclusión: sólo un sistema de juzgamiento absolutamente absurdo, inconveniente y perjuidicial puede producir un rechazo casi unánime a lo largo y ancho del vasto mundo de las leyes.

8/2/13

El juicio por jurado pasó la prueba... ¿cómo lo saben?

Por Argentina sin Juicios por Jurado

El periodismo apoya el juicio por jurados desde el desconocimiento
 
La nota periodística característica del primer juicio popular que se celebra donde se inaugura este sistema de juzgamiento, invariablemente se titula: "el juicio por jurado pasó la prueba". La pregunta inmediata es: ¿cómo lo saben?
 
Hay una generalizada creencia de que por el solo hecho de juntarse doce personas, presenciar un juicio, deliberar y dictar un veredicto ya se ha cumplido satisfactoriamente con la compleja tarea de juzgar. Nada más falso.
 
No basta con la mera ceremonia para haber juzgado rectamente. La tarea de juzgar no es una coreografía a seguir, sino una labor intelectual que nada tiene que ver con las formalidades que se celebran.
 
Lo importante de una cirugía no es anestesiar, abrir, manipular órganos y cerrar al paciente. Lo mismo se puede decir de un juicio: no es juntarse, observar prueba, deliberar y fallar sobre el caso. La apariencia exterior de las cosas no hace a la sustancia de la labor técnica.
 
Por eso, el jurado NUNCA puede "pasar la prueba". Usualmente no logra juzgar rectamente. Y aunque por fortuna así lo hiciera, no puede fundamentar por qué lo hizo así, lo cual es pura arbitrariedad (quien daña "porque sí" es arbitrario, aunque sea justo).
 
Tampoco pueden los periodistas establecer si un jurado "pasó o no la prueba", ya que se encuentran tan incapacitados para afirmar eso como el jurado para juzgar. Es lo mismo que se afirmara en el diario que un astrónomo "pasó la prueba" al realizar las fórmulas matemáticas que rigen los movimientos astrales... ¿cómo lo saben?
 
Es importante no emitir juicios sobre aquello que excede nuestras capacidades. El jurado no debe juzgar a nadie. El periodista no debe juzgar cómo se ha juzgado. El juez no debe juzgar la calidad de una nota periodística. ¡Zapatero a tus zapatos!

7/2/13

La implementación de juicios por jurado cosecha fuertes críticas entre los juristas

Por Argentina sin Juicios por Jurado

Los juristas de fuste deploran los juicios por jurado
 
Es cierto que algunos juristas promueven los juicios por jurado. Pero no se trata precisamente de los más destacados. Los juristas de mayor renombre en el país y el mundo se han pronunciado abierta y sistemáticamente en contra de la implementación de este sistema de juzgamiento.

El Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni, que no sólo es Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, sino también el penalista más destacado de la República Argentina y del Continente Americano, con múltiples reconocimientos académicos en numerosas universidades del mundo, ha criticado tenazmente a los juicios por jurado expresando que se trata de un sistema fracasado que no funciona ni en EE.UU. e inconciliable con nuestra Constitución Nacional.

El Dr. Germán Bidart Campos, destacado jurista y constitucionalista argentino, explica en una entrevista publicada por la UBA que el juicio por jurados no ha sido reglamentado porque por mucho tiempo una opinión predominante ha considerado que no corresponde a nuestra tradición judicial y que es un trasplante de una institución ajena a nuestro medio. La no reglamentación durante un siglo y medio no configura una omisión constitucional.

El Dr. Alfredo Vélez Mariconde, destacado jurista argentino y maestro de maestros del derecho procesal, destaca en su famoso tratado (que es de lectura obligatoria para todo aquel que estudie dicha materia) que una influencia extraña y perniciosa resulta mucho más factible frente a un jurado popular que a un magistrado técnico. Pone además al descubierto la evidente inidoneidad de los jurados para ejercer la labor de juzgar, en franca violación del art. 16 de la Constitución Nacional que establece que todos los habitantes de la Nación son "admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad".

El Dr. Jorge A. Clariá Olmedo, otro destacado maestro procesalista argentino,  enseña en su tratado de derecho procesal penal que el tribunal técnico es más independiente teniendo en cuenta que los jurados son proclives a las influencias religiosas, políticas y raciales, a modalidades localistas y al empuje de las pasiones exaltadas por los conflictos sociales. Nos recuerda además que nuestra cultura cívica y formación procesal no concibe una sentencia sin fundamentación, dado que la fundamentación del fallo judicial no sólo es garantía de justicia, sino también un derecho de todos los miembros de la colectividad para conocer la razón de una condena o de una absolución, evitar la arbitrariedad y exigir la objetividad de los pronunciamientos.

El Dr. José I. Cafferata Nores, uno de los más conocidos autores del nuevo proceso penal en América Latina, consultor de organismos internacionales y participante en el proceso de reforma al Código Procesal Penal en Argentina, recoge en un trabajo titulado "Cuestiones actuales sobre el proceso penal" sus meditaciones sobre los juicios por jurado en los que destaca que la exclusión de la arbitrariedad del fallo de un tribunal criminal se logra más naturalmente entre técnicos en derecho, con la exigencia de motivación, ya que el ciudadano acusado tiene derecho a que le digan por qué lo declaran culpable (y el ciudadano, presunta víctima, el de saber por qué se absolvió al acusado).

El Dr. Ricardo Levene (h.), ex presidente de la Corte Suprema de Justicia y destacado penalista, que contribuyó durante su vasta carrera a la reforma de una buena cantidad de códigos procesales de distintas provincias del país, ha escrito en su manual de derecho procesal penal que en la magistratura profesional hay más preparación y no menos independencia, ya que el jurado es fácil de impresionar, o de caer en el cohecho, o de ser presa de la influencia exterior o de la dialéctica brillante, pero a veces sin razón, de los letrados. Y concluye que la justicia del crimen, por la naturaleza técnica de las cuestiones y los delicados problemas jurídicos que suscita, debe quedar a cargo de tribunales de derecho, cuya preparación y experiencia les aporta mayor capacidad que el jurado para juzgar.

El Dr. Enrique Gimbernat Ordeig, destacado penalista español y uno de los mejores doctrinarios del derecho penal material de habla hispana, quien ha sido decano de la facultad de Derecho de la Universidad de Alcalá de Henares, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Múnich (1999), por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (2000), por el Instituto Nacional de Ciencias Penales de México (2006), por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (2006) y por la Universidad Santa María de Caracas (2007), se ha manifestado en un artículo periodístico publicado por el diario El Mundo de Madrid, remarcando que, a pesar del marketing que tiene, el sistema de juicios por jurado es un fracaso espectacular incluso en EE.UU. En cuanto a la capacidad del jurado para juzgar, razona: Con todos mis respetos para el arquitecto y el ingeniero, para la hacendosa ama de casa, para el honrado dependiente de la tienda de ultramarinos y para el respetable sexagenario que acaba de aprender a leer y a escribir, a los que se les impone, bajo la amenaza de incurrir en un delito, la obligación de formar parte de un jurado, esos principios sobre valoración de la prueba, y muchos otros establecidos por la jurisprudencia para garantizar los derechos a la presunción de inocencia y a la tutela judicial efectiva, su aplicación al caso concreto, y el enlace lógico de todo ello, es algo que no se puede aprender, por así decirlo, «en dos tardes», sin que tampoco se alcance a comprender por qué los ciudadanos corrientes norteamericanos que integran sus jurados con su pavoroso curriculum de errores judiciales tienen que ser menos influenciables y menos sabios que los españoles que ejercen la misma función juzgadora.

Juristas de todos los tiempos y de todos los lugares del mundo, de la inmensa talla de los Dres. Niceto Alcalá-Zamora Castillo, Joaquín Escriche, Enrico Ferri, Rodolfo Rivarola y el gigante jurista español Dr. Luis Jiménez de Asúa, entre muchísimos otros, se han pronunciado visceralmente en contra de los juicios por jurado.

Todas estas voces calificadas que los juristas más descollantes de todos los tiempos han alzado en contra de los juicios por jurado, deben ser respetadas y veneradas, generando en todos nosotros un fuerte compromiso para el rechazo en la República Argentina de la implementación de este retrógrado y fracasado sistema de juzgamiento.

6/2/13

La implementación de juicios por jurado cosecha fuertes críticas entre los magistrados

Por Argentina sin Juicios por Jurado

Los mejores magistrados deploran el juicio por jurados

Lejos de haber univocidad de voces en favor de los juicios por jurado, como falsamente pregonan sus promotores, lo cierto es que los magistrados más destacados del país se han pronunciado abiertamente en contra de la implementación de este absurdo  y fracasado sistema de juzgamiento.

El Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni, que no sólo es Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (C.S.J.N.), sino también el penalista más destacado de la República Argentina y del Continente Americano, ha criticado duramente a los juicios por jurado expresando que es un sistema fracasado, que no funciona ni en EE.UU. y que es inconciliable con nuestra Constitución Nacional.

El Dr. Ricardo Lorenzetti, actual Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (C.S.J.N.), ha remarcado en declaraciones periodísticas en la Provincia de Chubut, que el sistema no ha resultado del todo exitoso donde se ha implementado, que resulta oneroso de llevar adelante y que en aquellos lugares donde se aplique debería hacerse mediante experiencias piloto, en casos específicos y con la responsabilidad que amerita. Aspectos tales como el entramado social deben ser considerados y atendidos al momento de proponer la figura de juicio por jurado.

La Dra. Carmen Argibay, actual ministro de la Corte Suprema de justicia de la Nación (C.S.J.N) ha relizado declaraciones públicas expresando que no es momento para tener un juicio por jurado. No tenemos garantía que la gente comprenda cuál es la visión (jurídica), no tenemos garantías de que sea un juicio sereno y que no esté contaminado por la mirada periodística, no tenemos garantía que no haya sido presionado por parte de la víctima o de los imputados. Es difícil de implementar en la actualidad por tres cuestiones: es caro, falta educación y preparación de la ciudadanía y los medios de comunicación pueden generar una fuerte interferencia. Agregó también que poca gente entiende el principio de inocencia, que es fundamental y es ignorado e incomprendido por el ciudadano.

La Dra. Elena Highton de Nolasco, actual magistrado de la Corte Suprema de la Nación (C.S.J.N) también ha planteado sus reparos ante un auditorio de la Provincia de Chaco, expresando que el juicio por jurados es un tema ajeno a nuestra cultura. No es cuestión de que en este momento tan especial en que hay una especie de reivindicación ciudadana que exige meter a todo posible presunto delincuente tras las rejas o en otros lados peores haya una suerte de vindicta pública contra todo infractor. Me parece que empezar hoy con casos graves, cuando aún no hay cultura alguna de jurado, es muy peligroso.

El Dr. Augusto César Belluscio, ex Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación (C.S.J.N.), oportunamente alertó, en diálogo con el diario La Nación, que con los juicios por jurado existe la posibilidad de que juzguen los medios. Resaltó que no existen buenos antecedentes en el mundo. En la justicia norteamericana los juicios por jurados son deficientes. Se presta mucho a la influencia de los medios de comunicación.

El Dr. Eduardo Pettigiani, miembro de la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires (S.C.J.B.A.) realizó declaraciones a un diario de San Nicolás expresando: no soy muy partidario de los jurados. Es un sistema que ha funcionado en países con una tradición especial en este sentido. El respaldo institucional de nuestro país no ha sido suficiente para que en estos años se implementara, quizás porque no es tan acorde con nuestra idiosincrasia.

El Dr. León Arslanian, magistrado que intervino en el juicio a las juntas militares, expresó al periódico Tiempo Argentino que no está de acuerdo con el juicio por jurados. En la práctica es un procedimiento extraordinariamente costoso, lentifica notablemente el funcionamiento judicial y me parece que por la cantidad de filtros e impugnaciones por la que debería pasar un jurado antes de quedar medianamente constituido sería muy lento.

El Dr. Julio César Strassera, ex Fiscal Federal célebre por haber llevado adelante la acusación en el juicio a las juntas militares, puso de manifiesto su rechazo en diálogo con la publicación on line El Litoral.com, expresando que con el juicio por jurado se va a cometer un error tremendo, en un país como el nuestro, que no tiene tradición. Creen que va a ser más rápido, y no va a ser más rápido, y sí, muchísimo más caro. ¿Ustedes se imaginan el juicio de la Amia, por ejemplo, con jurados? El jurado es muy manipulable, en todas partes del mundo. En mi caso particular, si me enjuiciaran y yo fuera culpable, pediría que me juzgase un jurado. Si fuese inocente, querría un juez técnico. Yo no creo en el curanderismo jurídico. Cuando estoy enfermo, voy al médico. Algunos van al curandero, pero yo prefiero un técnico.

La Dra. Margarita del Carmen Tropiano, Jueza Camarista y Presidente del Colegio de Magistrados de la Provincia de Buenos Aires, manifestó a El Tiempo de la ciudad de Azul y a La Opinión de Pergamino que el juicio por jurados es el sistema de enjuiciamiento más caro. Estados Unidos hoy, que no lo va a sacar nunca este sistema, hace sólo un cinco por ciento de los casos. El sistema tiene cosas difíciles de instrumentar. Lo complicado es que es un procedimiento caro ya que los 12 miembros deben ser preservados –cuasi aislados– durante todo el proceso, que puede durar semanas, incluso meses. Además de los viáticos que habría que abonarles, estas personas no pueden trabajar y debe garantizárseles el sueldo.

El Dr. Eduardo Hortel, Camarista platense, profesor de Derecho Procesal en la Universidad de La Plata, comentarista del Código Procesal Penal nacional y uno de los redactores de la flamante reforma al Código de Procedimientos bonaerense, expresó en reportaje ante el Diario Clarín que el sistema de juicio por jurados es perverso. Al no haber fundamentos de la sentencia, es imposible acreditar si se cumplieron los principios fundamentales del derecho. Como no se funda, no se sabe si el jurado tomó en cuenta que la duda beneficia al imputado, ni si cumplieron las indicaciones que da el juez para que lleguen a una decisión. ¿Cómo sabemos si cumplieron con todo eso si sólo dicen inocente o culpable sin explicar por qué?

El Dr. Ricardo A. Guibourg expresa sus reparos en un artículo publicado en el diario La Nación,  remarcando que el jurado es más susceptible a las emociones: los ciudadanos comunes son propensos a considerar culpable a cualquier sospechoso mencionado por los vecinos o por los medios de comunicación, con tanta más fuerza cuanto más grave y perverso sea el crimen cometido. Los jurados son completamente incontrolables por definición. ¿Se abocarán seriamente al examen de las pruebas o serán influenciados por la simpatía o antipatía del acusado, por la habilidad del fiscal o del defensor o, simplemente, por las ganas de volverse a casa?

El Dr. César B. López Meyer, ex Camarista en la provincia de Río Negro, ha escrito un interesante artículo para la publicación on line rionegro.com.ar en el que alerta sobre la inconstitucionalidad del sistema de juzgamiento de juicios por jurado, la falta de preparación e irracionalidad de los jurados y los numerosos inconvenientes que acarrea para la administración de justicia. Concluye que los juicios por jurados serán más caros para el contribuyente, más engorrosos para la administración, tanto o más lentos que los actuales y racionalmente más inseguros para las víctimas, los victimarios reales o supuestos y para la sociedad en general, con respecto al acierto de los fallos, vale decir: a la realización de la justicia.

La Dra. Noemí Stefanile, jueza del Tribunal de Trabajo de Zárate, resaltó lo absurdo que es pensar que pueden impartir mejor justicia doce personas ignotas, que pueden o no tener algún grado de preparación cultural, que no deben dar explicaciones porque su veredicto es infundado, a las que no le puedo exigir el cumplimiento de los deberes de funcionario público y no están sometidos al control de los órganos creados a esos efectos, que sólo deben regirse por su intuición, que seguramente sentirán una gran inseguridad ante el peso enorme que significa decidir sobre la libertad de sus pares, que, seguramente, han de ser mucho más influenciables que un técnico ante los teatralizados alegatos, y que, finalizado el proceso, se pierden entre la muchedumbre.

El Dr. Adolfo Rocha Campos, ex juez en lo Civil y Comercial del Departamento Judicial de Azul y Profesor Honorario de la UNICEN, resaltó en un reportaje radial a la FM 98 Pop que la implementación de juicios por jurado es una medida demagógica y absolutamente inútil y de aplicación residual como lo sería en los Estados Unidos. Los calificó de bastante irrepresentativos y dedujo una naturaleza prejuiciosa en los requisitos para designar sus miembros.

El Dr. Diego R. Young, Fiscal en Concepción del Uruguay, puso en evidencia que un jurado en general sólo puede llegar a comprender asuntos simples, porque generalmente está integrado por personas simples. Recordó que el juicio por jurados cuesta mucho, hay que poseer una estructura administrativa que no tenemos, se debe dotar a los fiscales de facultades y posibilidades que no tienen, hay que ampliar edificios y crear una logística que no se tiene. Y alertó que en las ciudades chicas, donde la gente se conoce, habrá que ver si conviene que quienes saben vida y misterios de los demás integren los jurados. Allí el prejuicio es fácil, y el comentario de plaza substituye con frecuencia el difícil análisis de la prueba. Substituirlos por gente de otra ciudad presenta problemas de tipo logístico y presupuestario.

La Dra. Rita Custet, Defensora General del Poder Judicial de Río Negro, en diálogo con el diario digital laPalabra, remarcó que el juicio por jurados no supera el control de constitucionalidad.

El Dr. Juan Pablo Fernández, Fiscal General del Depto. Judicial de Bahía Blanca, expresó en el programa "La Bisagra" Radio Mitre Bahía Blanca que los juicios por jurado no tendrán una mejor resolución desde la racionalidad del caso que los procesos actuales. Constituye en un traslado de la responsabilidad en función de que si el pueblo resolvió de esa manera, luego no tiene de qué quejarse. Se puede entender que habrá mejores resoluciones, más racionales, pero es exactamente al revés. La idea busca que el jurado dicte un veredicto absolutorio o condenatorio en función de la íntima convicción y sin dar explicaciones.

El Dr. Miguel Ángel Vilaseca, juez integrante del Tribunal Oral Criminal N° 1 de Junín, expresó a la publicación La Verdad Online.com que no estamos preparados para implementar este sistema. Con la inseguridad que hay, con la necesidad que tiene la gente de que se condene, esas mismas personas en un juicio oral donde no haya suficientes pruebas pero sí una gran repercusión mediática del caso y presionados por la opinión pública, es muy probable que puedan decir: “Sí, es culpable”. Se trata de un sistema muy costoso. Formar un jurado lleva mucho tiempo. Si hoy una persona no quiere ir a votar y ni hablar si tiene que formar parte de una mesa o autoridad, y hacen lo imposible para no cumplir, pensemos si asistirán con ganas para formar parte de un tribunal... El miedo que la gente tiene de venir a un juicio oral lo vemos a diario, de lo que padecen las propias víctimas de contar lo que les pasó. Cuánta gente tiene hasta miedo de ser testigo y declarar en un hecho. Llevemos eso al terreno de que esa misma persona tiene que decidir si ese que tiene ante él, que está viendo, es culpable o inocente.

La Dra. María Susana Frascaroli, asesora letrada penal en la provincia de Córdoba, consultada por la publicación on line comercioyjusticia, expresó que no cree que los jueces legos sean un derecho de los acusados, ni un derecho de la víctima, ni de la sociedad.

El Dr. Carlos P. Pagliere (h.), miembro del Tribunal Oral Criminal N°2 de Azul, remarcó en un artículo escrito para el diario El Tiempo de Azul que con los juicios por jurado se pone a la justicia penal en manos de doce personas que condenan y absuelven al acusado sin explicar por qué. Todo aquel que decida sobre la culpabilidad de una persona y, por tanto, tenga la potestad de confinar a alguien a la cárcel, incluso de por vida, al menos debería fundamentar en qué se basa para tomar semejante resolución.

Todas estas voces calificadas ―y otras muchas más que se pueden consultar― de destacados magistrados  en contra de los juicios por jurado son una sonora alerta que nos debe servir para abrir bien los ojos y rechazar de plano la implementación para la República Argentina de este absurdo y fracasado sistema de juzgamiento.

5/2/13

¿Selección del jurado o del veredicto?

Por Argentina sin Juicios por Jurado

El jurado se acomoda a conveniencia de las partes

Con la implementación de los juicios por jurado, impartir justicia carece de toda importancia. La justicia no es una variable que se tenga en consideración, quedando relegada al plano de la absoluta irrelevancia. Si el jurado hace o no justicia, a nadie le interesa.

Este desplazamiento de la justicia como valor superior se deja, en primer lugar, en la supresión del único sujeto del proceso que garantiza un juzgamiento de calidad: el juez. A cambio se lo reemplaza por 12 ciudadanos que carecen de todo conocimiento sobre la ciencia penal y ninguna experiencia a la hora de juzgar. Pero además, el desplazamiento de la justicia como valor superior también se puede apreciar con suma claridad al momento de la selección del jurado.

La acusación y la defensa, cuando seleccionan a las personas que van a integrar el jurado, no escogen a quienes puedan juzgar con calidad jurídica (algo que razonablemente no se podría pedir a un jurado), sino que eligen a quienes presumen que son más propensos a juzgar como cada parte lo desea.

El defensor no quiere el mejor juzgador: quiere que se absuelva a su defendido. La fiscalía tampoco quiere el juzgador más capacitado: quiere que se condene al acusado. En la selección del jurado, lo vital no es cómo se habrá de juzgar, sino qué resultado se obtendrá. Lo importante no es la calidad del juzgamiento, sino el resultado del juzgamiento.

Como las partes del proceso suelen estar persuadidos de que defienden la causa más justa, no procuran seleccionar el juzgador más idóneo, sino tan sólo ganar el caso. No es el jurado lo que las partes seleccionan, sino el veredicto que esperan obtener.

El jurado suprime al único sujeto del proceso que garantiza un juzgamiento de calidad

Por Argentina sin Juicios por Jurado

Se expulsa a los jueces del proceso penal,
que son los únicos que garantizan la calidad del juzgamiento

Lo más importante del proceso penal es obtener un juzgamiento de calidad, de modo de garantizar al máximo que el imputado inocente siempre sea absuelto, y el imputado culpable, además de ser condenado, lo sea exactamente en la medida de su delito.

El juzgamiento penal es una labor mucho más compleja de lo que las personas creen. Se requieren conocimientos profundos, principalmente sobre teoría general y especial del delito, pero también sobre lógica inductiva y deductiva, y sobre psicología, psiquiatría, criminología, entre otras materias.

El avance de la civilización exige que la tarea de juzgar sea puesta en manos de personas expertas, experimentadas y equilibradas, y no que quede librada al arbitrio de personas surgidas de un sorteo y cuyas aptitudes apenas si son indagadas por las partes y sólo a los fines de procurarse para sí un veredicto favorable.

Si la humanidad pretende transitar por la senda de la civilización, es fundamental escoger adecuadamente a los jueces y no dejar el juzgamiento en manos del azar. Esto obliga a reseñar la enorme diferencia entre la elección de los jueces y la selección de los jurados.

Los jueces son elegidos conforme sus capacidades intelectuales, morales y psicológicas, y por representantes del pueblo que no tienen ningún interés actual en los futuros procesos que se habrán de dirimir.

Esto contrasta con la selección del jurado, en la que lo importante es sólo la predisposición de sus miembros a fallar como lo quieren las partes. Quienes seleccionan al jurado (el fiscal y el defensor) no tienen ningún interés en que se realice un juzgamiento imparcial.


Las defensa y la fiscalía no precisan un juzgamiento de calidad, sino un veredicto que les permita ganar el caso. Tampoco el jurado, que es seleccionado por las partes, garantiza ningún juzgamiento de calidad: se trata de personas inexpertas y cuyas aptitudes intelectuales, morales y psicológicas son un misterio. Es el juez o tribunal el único sujeto del proceso penal que en la actualidad cumple con la imprescindible tarea de velar por que se procure justicia a través de un juzgamiento lógico, razonado e imparcial.


Es aquí donde se pone de evidencia lo nocivo del juicio por jurados. Con el juicio por jurados se le quita a los jueces la facultad de juzgar y, con ello, se suprime del proceso penal al único sujeto del proceso que cuenta con los recursos y aptitudes necesarias para garantizar un juzgamiento de calidad


Si reflexionamos sobre la verdadera finalidad del proceso penal, llegaremos a la conclusión de que el juzgamiento no debe ser un "concurso" o "contienda" entre partes para ver quién obtiene un fallo favorable a su pretensión, sino que debe ser un procedimiento a través del cual se arribe a la justicia del caso.

La eliminación del juez en la tarea de juzgar, a la vez que suprime toda chace de un juzgamiento de calidad, pone en evidencia que a los "juradistas" no les importa nada la justicia del fallo. Lo que les impulsa es una suerte de "populismo judicial" que propone una vuelta al oscurantismo, ya que pone a juzgar a personas ignorantes de la ciencia penal.

En cambio, quienes se oponen al juicio por jurados y proponen la actuación de jueces expertos y experimentados, democráticamente elegidos por sus aptitudes personales, ante todo aspiran a que tanto el imputado como la víctima obtengan justicia al final del proceso.

4/2/13

Necios profesores de derecho procesal penal

Por Argentina sin Juicios por Jurado

Si van a juzgar los iletrados, ¿por qué no dejar que también enseñen los iletrados?

Algunos pocos —muy pocos, quisiera uno creer— profesores de derecho procesal penal se declaran a favor del juicio por jurados, declamando que los jueces que se pronuncian en contra tienen un prejuicio hacia la "participación ciudadana". Según este parecer, los jueces estarían "aterrados" de la participación del pueblo en la administración de justicia, porque serían unos prejuiciosos antipopulares.

Uno se pregunta: ¿qué tiene de malo que los jueces vean con preocupación que una labor técnica y de vital importancia para la vida republicana del país, como lo es la administración de justicia, se ponga en manos de doce personas sin ninguna formación, que no han recibido preparación, con nula práctica, que surgen al azar del padrón electoral y que fallan sin brindar ninguna razón? Más que prejuiciosos, yo diría que son muy "juiciosos". Ser anti-popular es... ¡poner a los ciudadanos en manos de la improvisación judicial!

Yo propongo: ¡Pongamos la enseñanza del derecho procesal penal en manos del pueblo! ¡Echemos a estos petulantes y prejuiciosos profesores que están aferrados a la omnipotencia de sus cátedras y aterrados de que el pueblo participe en la enseñanza nacional! ¿Acaso estas propuestas no serían igual de necias? ¿Desde cuándo la falta de estudios y preparación es un mérito?

El error, en definitiva, es creer que el juzgamiento penal es una labor no técnica, para la cual no se requieren los conocimientos científicos del derecho penal. Esto es una tremenda equivocación. El derecho penal es una genuina y compleja ciencia inaccesible para quienes no la han estudiado.

Cuando en un juicio se valoran hechos, sólo es posible identificar los que son relevantes a través de las herramientas que brinda la teoría del delito. Es imposible separar, en el juzgamiento, hechos y derecho. No es posible juzgar rectamente sin el manejo fluido de la teoría del delito, que desconoce un jurado popular.

Es así como se aprecia a diario una enorme dificultad de los ciudadanos en general (y de los jurados en particular) a la hora de evaluar los hechos y distinguir aquellos que son relevantes, de los que carecen de toda importancia para el juzgamiento.

La correcta valoración de la prueba es una de las labores técnicas más complejas del juzgamiento. La dificultad de la población para valorar prueba es flagrante. La valoración de los hechos requiere un conocimiento técnico sobre lógica inductiva y deductiva, que el grueso de la población desconoce.

En definitiva, los mismos académicos que verían aterrados que los profesores fuesen desplazados de las facultades y reemplazados por completos improvisados en derecho, son los que juzgan de prejuiciosos a los jueces que ven con preocupación que se ponga la administración de la justicia en manos de doce inexpertos a quienes se les obliga a juzgar de modo despótico. Paradójico, ¿no?

El juicio por jurado conviene a todos

Por Argentina sin Juicios por Jurado

La comodidad de poder echarle toda la culpa al "pueblo"

Los juicios por jurado no solucionan ni uno de los problemas reales de la justicia penal, sino que más bien los multiplican. La pregunta que a uno le surge de inmediato es: ¿por qué tienen tanta aceptación? La respuesta es muy simple: porque diluyen las responsabilidades.

Los jueces ya no deciden sobre la culpabilidad o inocencia del imputado y, por ende, ya no son responsables de los fallos que se dictan. La responsabilidad la tienen los doce miembros del jurado (que nada se les puede reprochar porque han sido obligados a juzgar), que es lo mismo que decir que no la tiene nadie.

Los fiscales tampoco se hacen responsables, ya que se escudan en que se investigó bien pero el jurado no estaba a la altura de las circunstancias, lo cual será probablemente cierto en muchos de los casos. Un jurado, a diferencia de los jueces, no puede dejar plasmado por escrito la ineficiente actuación fiscal.

Los políticos se escudan en que "el pueblo dio su veredicto" y se lavan las manos (aunque bien sabemos que el jurado no es el pueblo, ni lo representa, sino que tan sólo son doce personas que surgen al azar).

Ni siquiera los miembros del jurado podrían hacerse responsables, ya que son anónimos en su votaciónno fundamentan el veredicto y no pueden ser juzgados por mala praxis o mal desempeño de sus funciones (si la ley los obliga a hacer lo que no debieran, no podemos juzgarlos por hacerlo).

Un sistema de juzgamiento que diluye las responsabilidades de todos, ¡conviene a todos! Y lo que conviene a todos, aunque sea perjudicial y no sirva a nadie, tiene amplia aceptación.

3/2/13

Posmodernismo y juicios por jurado

Por Argentina sin Juicios por Jurado

¿Justo? ¿Injusto? Para el juicio por jurados todo da igual

Los juicios por jurados son una excelente muestra de la irrupción del posmodernismo a la dinámica social.

La sociedad posmoderna niega la existencia de principios de justicia inmutables y universales, a través de lemas tales como: "la justicia es relativa" y "nadie es dueño de decir qué es justo e injusto".

El Estado posmoderno se desentiende de la administración de justicia para la conformación de valores sociales justos, en la convicción de que no existen principios morales superiores por los que velar.

¿Cómo se inserta el juicio por jurado en esta dinámica? Sencillo. Se inserta con el vacío razonamiento: "Si así lo dice la mayoría del jurado, será lo justo". O más absurdamente: "Si lo dice la mayoría del pueblo, será lo justo, porque vox populi, vox dei".

Una sociedad que no reconoce ningún principio moral en el cual descubrir la justicia o injusticia del caso, se conforma con cualquier decisión —sea justa o injusta— sin cuestionar nada, y aunque provenga de la libre convicción de doce personas absolutamente ignorantes de derecho.

Un Estado que no reconoce ningún principio de justicia, confiere la potestad de juzgar a los jurados populares, esto es, a personas que ignoran los más básicos principios de la ciencia penal, aunque sus fallos frecuentemente sean un verdadero dislate reñido con la más elemental justicia.

Cuando todo es justicia y nada es justicia, porque lo justo e injusto se torna "opinable" y "relativo", da igual quién juzgue y cómo lo haga. Eso es el posmodernismo. Eso es el juicio por jurados.

2/2/13

Juicios por jurado y una fábula de Esopo

Por Argentina sin Juicios por Jurado

Ilustración de la fábula de Esopo "Boreas y el Sol"

Alguna vez me he preguntado: ¿desaparecerá algún día la ciencia penal de la faz de la Tierra? Y me he puesto a pensar, como ejercicio de mi imaginación, qué es lo que debería ocurrir para que ello suceda.

Pensé en primer lugar en la desaparición de todas las facultades de derecho. Imaginé algún ministro de educación que hubiese perdido el juicio (o algún juicio) y firmara un decreto que las hiciese cerrar a todas. No daría resultado concluí pues todavía quedarían libros sobre derecho penal y los juristas, que a la larga reabrirían las facultades.

Pensé también en una secta oscurantista que pusiera fuego y destruyera todos los libros sobre derecho penal. Nuevamente llegué a la conclusión de que los juristas seguirían enseñando en las facultades y habrían de volver a escribir los libros hechos ceniza.

Pensé por último en un asesino serial que diera muerte a todos los juristas, pero nuevamente los libros vendrían a salvar la ciencia penal, dado que en el papel se encuentra todo aquello que es necesario para que la ciencia nunca muera.

Muy bien —me dije— si desaparecieran las facultades, los libros y los juristas, todo a la vez, ya la ciencia penal no tendría ningún refugio. Pero luego recordé que en algún momento no hubo nada de ello, y sin embargo hoy la ciencia penal existe. Ahí exclamé: ¡la sola existencia del hombre, que necesita de justicia, volvería a reeditar la ciencia penal!

Pero recordé una fábula de Esopo, cuya trama era algo así: El Viento y el Sol compiten para ver quien logra que un viajero se quite el abrigo. El Viento sopla con fuerza, y el viajero sólo se ajusta el abrigo, pero el Sol luce sobre él más y más caliente, y el viajero se quita el abrigo.

Entonces me pregunté: ¿por qué el viajero se aferra al abrigo con el Viento y lo abandona con el Sol? La respuesta es obvia: porque con el Viento necesita del abrigo y no así con el Sol. Lo mismo ocurre con la ciencia penal: como todas las ciencias, existe porque el hombre la necesita.

Con el juicio por jurados la ciencia penal se vuelve innecesaria, superflua, ya que lo que importa no es hacer justicia. Los jurados no hacen justicia: solo dictan veredictos (justos, injustos... ¡a nadie le importa!). La verdadera justicia ya no interesa: sólo importa la decisión de un grupo de doce personas sin capacitación en la ciencia penal ni experiencia en la labor de juzgar.

Fue ahí que me dí cuenta: hay algo mucho peor que cerrar facultades, quemar libros y asesinar juristas: ¡peor es hacer innecesaria la ciencia penal! Con el juicio por jurados, sin cerrar una sola facultad, sin quemar un solo libro, sin asesinar un solo jurista, se los elimina a todos (facultades, libros y juristas) y se logra el resultado más devastador: se destruye para siempre la ciencia penal.

Usted pensará que exagero. Pero no es así. En los países en que existe desde siempre el juicio por jurados (Reino Unido y Estados Unidos) no se tiene ni la más remota idea de lo que es la teoría del delito. El juicio por jurados es una suerte de abortivo que ha impedido a esos países concebir la ciencia penal.

1/2/13

¿Democratización o mediatización de la justicia?

Por Argentina sin Juicios por Jurado

Mediatización de la justicia

Últimamente se ha puesto de moda el vacío slogan de que es necesario "democratizar" la justicia. Muchos políticos, haciéndose eco de esta falsa premisa, andan por allí pregonando que la justicia es el único poder del Estado no democrático.

Esto trasluce un preocupante desconocimiento de la Constitución Nacional y de los principios republicanos y representativos que en ella se plasman, ya que —a diferencia de los jurados, que no los elige nadie sino que surgen de un sorteo en el padrón electoral— los jueces sí son elegidos por vías democráticas (los designan el Senado provincial o nacional a propuesta de la cabeza del Poder Ejecutivo, elegidos todos por el voto popular).


Los jurados no sólo no representan al pueblo (porque no son democráticamente elegidos), sino que acaban muchas veces representando a los medios hegemónicos de comunicación, los que definen cómo habrá de fallar el jurado. De modo que si democracia fuera opinar y juzgar como lo demandan los medios hegemónicos de comunicación, ¡el juicio por jurados sería el sistema más democrático de todos!


No es que los medios periodísticos no deban opinar sobre temas de justicia, pues de hecho es algo muy positivo que lo hagan. Se trata de no volcar livianamente en los medios de comunicación la enorme responsabilidad que implica el juzgamiento de las personas.


Es un hecho comprobado en todos los países en que existe el juicio por jurados, que el periodismo es más poderoso que los jurados. La tendencia es la de aislar al jurado, porque un titular de un diario tiene mayor influencia en el veredicto de los jurados que el mejor alegato de las partes.

Distinto es el caso de los jueces. Gracias al conocimiento especializado y a la experiencia judicial, los jueces cuentan con las herramientas necesarias para sustraerse a la influencia de los medios de comunicación. Difícilmente un medio de comunicación podría influenciar a un juez, ya que los jueces cuentan con un conocimiento científico especializado que les permite juzgar con seguridad.

Desgraciadamente, los grupos periodísticos más importantes del país serán los que en definitiva —e incluso contra su propia voluntad e intereses— podrían llegar a influir poderosamente sobre los veredictos en las causas penales más mediáticas.


La pregunta obvia es: ¿se sienten cómodos los legisladores dejando el juzgamiento de las personas en manos de las empresas periodísticas? Pareciera que sí, porque con el juicio por jurados, los legisladores están preparando el terreno para "mediatizar" la justicia penal argentina.

Juicios por jurado = privatizar la justicia penal

Por Argentina sin Juicios por Jurado

El juicio por jurados privatiza la justicia penal

En la Edad Media la justicia era privada. Las cuestiones penales se solucionaban entre particulares y, generalmente, a través de resarcimientos económicos. No era el derecho lo que imperaba, sino la fuerza y el interés.

De la mano de la organización de los Estados modernos, con consciencia de su deber socializador, la modernidad impuso una justicia penal estatal. El derecho penal dejó de formar parte del derecho privado, para pasar a ser derecho público.

Actualmente lo público tiende a privatizarse. El Estado procura desvincularse de problemas y de su rol predominante en la conformación de las sociedades, para dejar sus funciones esenciales en manos privadas. Se privatiza la seguridad, la salud, la infraestructura, la educación y también la justicia.

Los juicios por jurado son eso: la privatización de la justicia penal. No se trata de una privatización de tipo económica, sino de índole moral. El Estado no ejerce su función primordial de impartir justicia. Se desentiende. Entrega a doce personas al azar la decisión de lo que es justo o injusto. Deja la administración de justicia en manos privadas.