21/3/13

La escuela del juicio por jurado

Por Argentina sin Juicios por Jurado

El juicio por jurados es una pésima escuela de ciudadanía

Alexis de Tocqueville escribió en su célebre obra La democracia en América (1830): "El jurado es una escuela gratuita y siempre abierta, a la cual cada jurado acude a instruirse de sus derechos... Yo no sé si el jurado es útil al acusado, pero estoy seguro de que es muy útil a quienes lo juzgan". A partir de esta temeraria opinión, los promotores del juradismo suelen afirmar que el jurado es una "escuela de ciudadanía".

La frase de Tocqueville es ―sin lugar a dudas― una de las más peligrosas que han acechado al sistema republicano. Proclama que, en el juzgamiento de una persona, más importante que se haga justicia al acusado y a la víctima, es que los jurados salgan conformes de los estrados judiciales y que la población adquiera confianza en el sistema.

Lo que se promueve con el juicio por jurados, si uno lo piensa detenidamente, es que el derecho del imputado y el derecho de la víctima son nada en comparación a la satisfacción popular y la opinión colectiva. Una idea genuinamente fascista.

En lo que sí hay que estar de acuerdo es en que el juicio por jurado realmente es una escuela que enseña mucho a los ciudadanos:

  • Enseña a convivir con la demagogia, ya que lo más importante no es la justicia ni el derecho a la libertad personal del imputado: lo fundamental es contentar a las masas para que queden satisfechas de haber participado en la administración de justicia.
  • Enseña que está bien castigar a alguien porque sí o absolverlo porque sí. Que el Estado define a la justicia como: "doce personas a las que se les antoja condenar o absolver". Que hacer las cosas sin explicar por qué es lo correcto.
  • Enseña que se puede ejercer el poder sobre la vida de otro (el imputado y la víctima) sin ninguna responsabilidad. Que arruinarle la vida a los demás ―incluso con malicia o negligencia― no trae aparejada ninguna consecuencia.
  • Enseña que el saber es absurdo e inútil. Que estudiar no sirve de nada. Que el que no ha estudiado ni se ha entrenado puede hacer las cosas ―en el caso juzgar― tan bien como el que lo ha hecho.

En suma, la escuela del juicio por jurados es la escuela de la ignorancia, la arbitrariedad, la irresponsabilidad y la injusticia.

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