21/4/15

El juicio por jurados es totalmente antidemocrático

Por Argentina sin Juicios por Jurado

"Elección" de los jurados
 
Uno de los latiguillos favoritos de los promotores de los juicios por jurado es que “democratizan” la justicia. Es precisamente el argumento más falaz de todos. El jurado no es democrático en lo más mínimo: el sistema de juicios por jurado no es tolerado por ningún Estado verdaderamente democrático.

La democracia es el gobierno de la mayoría de los ciudadanos (el pueblo), sea por sí mismo o a través de sus representantes elegidos por voto ciudadano. Por el contrario: el jurado no representa directa ni indirectamente al pueblo.

Cuando elegimos presidente, gobernador, diputados y senadores, votamos todos los ciudadanos y se nombran los candidatos que la mayoría ha escogido. En cambio, a los miembros del jurado no los elige nadie. Ellos surgen de un sorteo realizado entre los integrantes del padrón electoral.

Los promotores de los juicios por jurado explican: “no hace falta que a los jurados los elija el pueblo, porque ellos son el pueblo”. Suena muy convincente, pero es difícil concebir un sofisma más burdo y descarado.

Imaginemos que al presidente de la Nación se lo designara por sorteo dentro del padrón electoral. ¿Alguien se podría sentir representado? ¿Y si el presidente sorteado fuera perverso, inmoral, incapazapocado? ¿Habría que aceptar que la persona sorteada “es el pueblo”? Pues no.

A nadie se le ocurriría tampoco designar diputados por sorteo, ni senadores por sorteo, ni intendentes por sorteo. La razón es muy sencilla: “el pueblo” no es usted, ni yo, ni nuestro vecino, ni un ciudadano obtenido al azar en el padrón electoral, sino que es el conjunto de los ciudadanos.

A través del voto popular, el conjunto de los ciudadanos elegimos a la persona que nos habrá de representar. La elegimos conforme sus pensamientos y proyectos, y en la medida en que coincidan con los de la sociedad. Por el contrario, doce personas surgidas de un sorteo no es el pueblo, ni “representan” a nadie. Tan sólo son doce personas que expresan su voluntad, aunque sea contraria a la del pueblo.

Un sorteo en el padrón electoral no es una “elección”, porque nadie elige nada. La persona sorteada puede ser un filonazi, un anarquista, un abolicionista del derecho penal, un perverso, un mentecato o un inmoral. ¿Cómo es posible sostener que es democrático un jurado que puede expresarse en contra de los valores del pueblo?

Sin ser tan extremos: ¿Quién se sentiría representado por el vecino que hace disturbios hasta cualquier hora con la música a todo volumen y no deja dormir a nadie? ¿
Quién se sentiría representado por el empleado público que maltrata a la gente? ¿Quién se sentiría representado por el drogadicto de la esquina? ¿Quién se sentiría representado por el que estaciona en el espacio de discapacitados sin serlo? ¿Quién se sentiría representado por el que arroja su basura en la puerta de tu casa? ¿Quién se sentiría representado por el comerciante que se aprovecha de los ancianos y les cobra de más?

Todos estos individuos y muchos más están en el padrón electoral y pueden ser los jueces del mañana. El juicio por jurados presume que todos ellos nos representan. Presume que dejamos nuestra vida y libertad en sus manos. Presume que estas personas son honorables y tienen derecho a decidir sobre la vida y libertad tuya y de los demás.

No creo que estas personas representen a nadie. No parece lógico ni razonable que se ponga en manos de estas personas la vida y libertad de la población. Tampoco creo que tengan capacitación suficiente para juzgar rectamente, conforme los valores de la sociedad.

Queda así expuesta la falacia de los promotores de los juicios por jurado: el jurado no es el pueblo, ni ha sido elegido por el pueblo. Son doce personas cualquiera que las escoge el azar, y no el pueblo. Es la “dictadura del azar”, porque se echa a la suerte el destino del imputado y la víctima.


Tampoco es un argumento favorable los pretendidos beneficios de la “participación popular”. Algunos doctrinarios de la posmodernidad pretenden que la democracia no se asimila a la elección de representantes por parte de la mayoría (elecciones) o a la manifestación directa de la mayoría (plebiscito), sino que basta con la mera “participación popular”. Es evidente el desconcepto y desnaturalización de lo que es la democracia. Una manifestación violenta es acto con “participación popular” y no tiene nada de democrática. En un linchamiento en la vía pública también hay “participación popular”, pero de democrático no tiene nada. Ergo, la participación popular y la democracia no son conceptos asimilables entre sí.

Mientras que los jurados se riñen con el sistema democrático, los jueces sí son designados democráticamente. En su elección intervienen: a) el Consejo de la Magistratura (nacional o provincial), que tiene representación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial (y de otras instituciones públicas); b) la Honorable Cámara de Senadores (de la Nación o las provincias), que sesiona y presta su acuerdo, y c) el Poder Ejecutivo (presidente o gobernador) que hace el pedido de acuerdo al Senado y suscribe el decreto de designación. Es decir, aunque no sean elegidos directamente por voto popular, sí son elegidos por los legítimos representantes del pueblo.

No sólo es absolutamente falso el argumento de que el juicio por jurado “democratiza” la justicia, sino que además el juicio por jurado es un sistema absolutamente tiránico. Es un sistema que consagra el gobierno de la arbitrariedad.

Cuando decimos que alguien es tiránico, ¿cómo nos imaginamos a esa persona? Si la imaginamos como alguien caprichoso y arbitrario, que decide sobre lo de los demás “porque sí”, sin explicar por qué, estaríamos describiendo cabalmente el modo en que la ley obliga a actuar al jurado.


¿Qué diríamos de un padre que castiga a su hijo “porque sí”, sin decirle por qué? El niño recibe una paliza y al preguntar “¿qué hice?”, el padre ni le contesta. ¿Diríamos que es buen padre? No creo. Más bien todos diríamos que es un padre tirano, déspota ¿no? Bueno, eso es lo que hace el jurado: condena “porque sí”, sin explicar a nadie por qué.

No hay que dejarse deslumbrar por discursos engañosos: el sistema de juicios por jurado no “democratiza” nada. Todo lo contrario: el juicio por jurado tiraniza la justicia penal, quedando la justicia penal en manos de doce déspotas.

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