2/2/13

Juicios por jurado y una fábula de Esopo

Por Argentina sin Juicios por Jurado

Ilustración de la fábula de Esopo "Boreas y el Sol"

Alguna vez me he preguntado: ¿desaparecerá algún día la ciencia penal de la faz de la Tierra? Y me he puesto a pensar, como ejercicio de mi imaginación, qué es lo que debería ocurrir para que ello suceda.

Pensé en primer lugar en la desaparición de todas las facultades de derecho. Imaginé algún ministro de educación que hubiese perdido el juicio (o algún juicio) y firmara un decreto que las hiciese cerrar a todas. No daría resultado concluí pues todavía quedarían libros sobre derecho penal y los juristas, que a la larga reabrirían las facultades.

Pensé también en una secta oscurantista que pusiera fuego y destruyera todos los libros sobre derecho penal. Nuevamente llegué a la conclusión de que los juristas seguirían enseñando en las facultades y habrían de volver a escribir los libros hechos ceniza.

Pensé por último en un asesino serial que diera muerte a todos los juristas, pero nuevamente los libros vendrían a salvar la ciencia penal, dado que en el papel se encuentra todo aquello que es necesario para que la ciencia nunca muera.

Muy bien —me dije— si desaparecieran las facultades, los libros y los juristas, todo a la vez, ya la ciencia penal no tendría ningún refugio. Pero luego recordé que en algún momento no hubo nada de ello, y sin embargo hoy la ciencia penal existe. Ahí exclamé: ¡la sola existencia del hombre, que necesita de justicia, volvería a reeditar la ciencia penal!

Pero recordé una fábula de Esopo, cuya trama era algo así: El Viento y el Sol compiten para ver quien logra que un viajero se quite el abrigo. El Viento sopla con fuerza, y el viajero sólo se ajusta el abrigo, pero el Sol luce sobre él más y más caliente, y el viajero se quita el abrigo.

Entonces me pregunté: ¿por qué el viajero se aferra al abrigo con el Viento y lo abandona con el Sol? La respuesta es obvia: porque con el Viento necesita del abrigo y no así con el Sol. Lo mismo ocurre con la ciencia penal: como todas las ciencias, existe porque el hombre la necesita.

Con el juicio por jurados la ciencia penal se vuelve innecesaria, superflua, ya que lo que importa no es hacer justicia. Los jurados no hacen justicia: solo dictan veredictos (justos, injustos... ¡a nadie le importa!). La verdadera justicia ya no interesa: sólo importa la decisión de un grupo de doce personas sin capacitación en la ciencia penal ni experiencia en la labor de juzgar.

Fue ahí que me dí cuenta: hay algo mucho peor que cerrar facultades, quemar libros y asesinar juristas: ¡peor es hacer innecesaria la ciencia penal! Con el juicio por jurados, sin cerrar una sola facultad, sin quemar un solo libro, sin asesinar un solo jurista, se los elimina a todos (facultades, libros y juristas) y se logra el resultado más devastador: se destruye para siempre la ciencia penal.

Usted pensará que exagero. Pero no es así. En los países en que existe desde siempre el juicio por jurados (Reino Unido y Estados Unidos) no se tiene ni la más remota idea de lo que es la teoría del delito. El juicio por jurados es una suerte de abortivo que ha impedido a esos países concebir la ciencia penal.

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